Tras indagar en la vida de Victoria Eugenia de Battenberg, vuelve a retomar la novela histórica...
Sí, la verdad es que mis incursiones en el género siempre han sido producto de casualidades. En este caso, fue la editorial la que me propuso volver tras el éxito de la anterior, sobre Victoria Eugenia.
En este caso, el protagonista es también periodista, como usted. ¿Casualidad?
No, no, es consciente. Podría decirse que es mi 'alter ego'. Se trata también de un periodista malagueño que trabaja en un magacín informativo en TVE y trata de hacer un reportaje sobre la compra del cuadro de Goya 'La condesa de Chinchón' por parte del Gobierno de Aznar en 2000. Pero la represiva política informativa de aquella época en la cadena pública acaba prohibiéndole el trabajo. Sin embargo, seducido por el personaje, decide escribir un libro sobre ella. Sobre todo, después de encontrar en una vieja casa familiar documentación de su antepasado Francisco Lasso de la Vega, abogado, político y periodista liberal malagueño del siglo XIX. Esto le pone sobre la pista de una colección de cartas que descubre la relación de su tatarabuelo con la propia condesa de Chinchón.
¿Y por qué se ha decantado por María Teresa de Borbón?
Barajé varios personajes y al final me decidí por la Condesa de Chinchón porque me parecía interesante. Se suele mencionar a otras 'musas' de Goya, como la duquesa de Alba, y, sin embargo, no es frecuente oír hablar de María Teresa de Borbón. Poca gente la conoce, pero esos son los personajes que a mí me atraen, los marginados.
¿María Teresa de Borbón era una marginada?
Sí, fue una marginada de la Familia Real y tuvo una vida muy desgraciada. Nació desposeída del rango de infante y se tuvo que casar con un hombre al que no amaba, Godoy, que además la maltrató física y psíquicamente. Vivió eclipsada por su aureola, para bien o para mal, porque Godoy fue un personaje que dio mucho que hablar. Luego, una vez que le abandonó, desapareció de la historia. Se vio forzada a abandonar España y exiliarse a París al ser perseguida por su sobrino, Fernando VII, por luchar a favor de la causa liberal.
¿Y cómo conoció a Goya?
Eran muy amigos. Él la retrató por primera vez cuando apenas tenía tres años. Después, la volvería a retratar en posteriores ocasiones, entre ellas, la que sirve de hilo a la novela. Su imagen es melancólica, triste y abandonada a su suerte. Prácticamente, el reflejo de una vida que la historia ha dejado a un lado. Tal es la desinformación y el desconocimiento sobre María Teresa de Borbón que hay en el Museo del Prado un cuadro firmado por Goya y sin catalogar, que retrata a una enigmática dama que guarda un gran parecido físico con la condesa. Yo diría que es la misma mujer, pero más madura.
Precisamente, teniendo en cuenta ese desconocimiento en torno a la condesa de Chinchón, le habrá costado meterse en su piel...
Sí, casi dos años de trabajo. Cuando te embarcas en un proyecto de este tipo, asumes que el esfuerzo es mayor porque implica una labor de investigación y documentación que otro tipo de novela no requiere. Porque, aunque hay ficción, la base es un personaje y unos datos reales, y hay que contextualizar muy bien la época. Por ejemplo, en esta novela, hago un completo cuadro de la época, incluido el 'quién es quién'.
Además, tengo entendido que incluso ha ido tras sus pasos...
Sí, creo que es fundamental. Me gusta hacer la investigación 'in situ', visitando los lugares en los que ha transcurrido la vida del personaje. Entonces te das cuenta la desidia en la que han caído edificios y obras de arte de nuestro patrimonio, de nuestro pasado, es una pena y eso es algo que quiero reivindicar en la novela. Hay que resaltar ese olvido y esa desidia que los españoles tenemos hacia nuestro pasado, el desinterés por aquellos rastros. Se echa en falta esa creencia de los españoles en España