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Viernes
19 noviembre
1999 - Nº 1295

CULTURA
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Muere en Tánger el escritor Paul Bowles, nómada de la generación 'beat'

El autor de 'El cielo protector' hizo del desplazamiento y el desamor su materia literaria

ANDRÉS. F. RUBIO, Madrid
Viajero permanente, esposo y amigo de otra gran escritora, Jane Bowles, anfitrión en Tánger de William Burroughs y Jack Kerouac, personaje esquivo y mítico de la generación beat, el escritor y compositor Paul Bowles murió ayer a los 88 años en un hospital de Tánger a causa de problemas cardiorrespiratorios (sus cenizas serán repatriadas a Estados Unidos tras ser incinerados sus restos en España). El autor de El cielo protector, que alcanzó una notoriedad inesperada tras la versión cinematográfica de esta novela realizada por Bernardo Bertolucci, fue un joven americano que encontró en Tánger la pasión y la violencia que marcaron sus obras, entre ellas Memorias de un nómada y Muy lejos de casa.

 

Paul Bowles, nacido en Nueva York en 1910, llegó a la antigua ciudad del pecado que fue Tánger a los 21 años, "la ciudad huérfana", como la definió más tarde. Viajero por América (vivió en México más de cuatro años y su español era suave y preciso), Europa y Asia (donde compró una pequeña isla en Ceilán), no se instalaría definitivamente en Tánger hasta 1952, y apenas la abandonó salvo para adentrarse en el Sáhara y en otros lugares de Marruecos, o viajar a Nueva York y Madrid para recibir tratamiento médico o escuchar su música en concierto. Otro de sus destinos fue Málaga, donde su mujer desde 1938, Jane Bowles, autora de Dos damas muy serias, murió en 1973 tras una dolencia cerebral que duró 16 años. Bowles se quejaba, en su apartamento de Tánger, de una biografía sobre su mujer cuya autora no retrató a la Jane de antes de la "horrible" enfermedad, una mujer divertida y humorística, de una alegría desbordante.

Ambos vivieron una especial historia de amor, por encima de sus preferencias sexuales, que acabó de forma dramática -la amistad de Jane con una marroquí con la que vivió más de 20 años era considerada por Bowles como cercana a la posesión demoniaca, y a veces pensó que esa codiciosa criada-amante envenenó a la escritora-. Pero les quedaban los recuerdos de sus inicios juntos en plena juventud y belleza; de su escapada de Estados Unidos, que ejemplificó el impulso nómada de una generación; del izquierdismo y su militancia por unos meses en el Partido Comunista, y de su descubrimiento de Tánger, una ciudad internacional que a Paul Bowles le pareció maravillosa en su mezcla de cosmopolitismo y exotismo, "una ciudad como uno se imagina que debía de ser Europa en la Edad Media".

Bowles había acudido por primera vez a Tánger por recomendación de Gertrude Stein como lugar ideal para pasar las vacaciones. Ya instalado allí, sirvió como polo de atracción de artistas homosexuales o vinculados a Nueva York y a la generación beat, como Tennessee Williams, Truman Capote, Allen Ginsberg, Jack Kerouac, William Burroughs, Gore Vidal, Gregory Corso, Djuna Barnes o Cecil Beaton. Subían hacia el café Hafa, sobre los acantilados, y contemplaban el estrecho fumando kif.

Desintegración

Bowles participaba de los ideales de los beat, del humor, la franqueza sexual, la ecología o el candor político, pero escorados en su literatura hacia la oscura desintegración, el desplazamiento físico y psicológico y el miedo, desde su punto de vista la emoción principal del hombre, "la que mueve el mundo, más que el amor".

Tánger significó el descubrimiento del kif, bajo cuyos efectos escribió páginas de La tierra caliente y de los relatos de El jardín. En una carta a Alec France dice: "Podía escribir usándolo, pero siempre sin miedo a quemarme, por así decirlo. En cuanto comprendí esto desaparecieron todas las pesadillas, la compulsión y la angst (...) Solucioné mi problema de todos los días y por fin encontré placentero vivir, que es lo máximo que cualquiera puede desear".

En 1949, Bowles publicó su primera novela, El cielo protector, "una historia de aventuras en la que éstas ocurren en dos planos simultáneos: en el desierto real y en el desierto interior del espíritu". Pasaron 40 años hasta que la obra, y el propio Bowles, recibieron un impulso inesperado gracias al largometraje de Bernardo Bertolucci, interpretado por John Malkovich y Debra Winger. La película le sacó de los apuros económicos en los que vivía, y aunque incluso apareció en un pequeño papel, Bowles la consideraba fallida: "La parte final es muy mala, creo que el equipo de rodaje no veía el momento de volver a Roma tras todo ese tiempo filmando en el sur".

El escritor reconocía la inspiración autobiográfica de los dos personajes, Port y Kit, que, perdido el secreto de la felicidad conyugal, desembarcan en el Sáhara. "El protagonista masculino es mi autorretrato, y aunque Jane no estuvo conmigo en ese viaje, digamos que la he utilizado como modelo, del mismo modo que lo hace un pintor".

La película sirvió para que el escritor fuera redescubierto en su país, donde se programó su música y se reeditaron sus libros y ensayos, se publicaron sus fotografías, una biografía, sus cartas, un documental... "¿Qué carrera necesita un octogenario?", respondía él.

Recluido en Marruecos, lejano en su nomadismo interior a realidades tan duras como la pobreza y la opresión política, Bowles había renunciado a la brillantez de la vida literaria y musical de Nueva York para seguir el aforismo de Kafka, uno de sus escritores favoritos: "A partir de un cierto punto, ya no hay posibilidad alguna de retorno. Ése es el punto que es preciso alcanzar". Alumno de Virgil Thompson y Aaron Copland, crítico musical, se relacionó con los surrealistas y participó del movimiento beat en los cincuenta y underground en los setenta. Fue apadrinado por Gertrude Stein y la protagonista de Adiós a Berlín, de Christopher Isherwood, lleva su apellido. Escribió música para obras teatrales de Tennessee Williams, Jean Cocteau y Lilliam Hellman, colaboró con Orson Welles, John Huston o Elia Kazan; Leonard Berstein estrenó en 1943 su composición The wind remains, basada en Así que pasen cinco años, de García Lorca...

Indiferente al éxito inicial y final de un recorrido teñido de penas y complicaciones en su extenso tramo medio, Paul Bowles decía en el desastrado apartamento de Tánger del que no quiso mudarse: "Ni cuando esté muriéndome voy a decir que hubo una época en la que me sentía maduro, porque uno siempre está cambiando y nunca llega a nada. Llegar a algo tampoco es necesario. Morir sí, todo lo inevitable es necesario".

Bibliografía en español

ISIDORO MERINO, Madrid
Alfaguara y Seix Barral son las dos editoriales españolas que más atención han dedicado a la ingente producción narrativa de Paul Bowles en los últimos años.

El cielo protector (1949), la novela emblemática y probablemente la obra maestra de Bowles, fue editada por Alfaguara en 1992, al calor de la popular adaptación cinematográfica realizada por Bernardo Bertolucci.

La novela cuenta el viaje de un matrimonio norteamericano, Kit y Port, y un amigo llamado Tunner al profundo sur de Marruecos. Bowles describe magistralmente la dureza y la belleza del Sáhara mientras narra el hundimiento total de las vidas de los protagonistas.

Cuentos escogidos, que también editó Alfaguara, en 1995, es una selección de 14 cuentos del magnífico y prolífico cuentista que fue Bowles. Es una pequeña selección, porque el autor decidió dejar fuera unos cincuenta cuentos más, pero incluye joyas del género como Un episodio distante, Delicada presa o Parada en Corazón.

Otra novela inquietante es Déjala que caiga, título extraído de una cita de Macbeth en el que Bowles describe con su pluma afilada a numerosos personajes del Tánger ciudad sin ley que conoció en los años cuarenta. La editó Alfaguara en 1993.

También en esa editorial está Cabezas verdes, manos azules (1997), una recopilación de crónicas de viajes por el Sáhara, El Rif y Estambul en las que Bowles se adentra con la misma maestría en las costumbres de las tribus del desierto, los sonidos de la música rifeña o el ambiente de la vieja Constantinopla.

Una visión general y muy interesante del hombre y el creador es Paul Bowles visto por sus amigos, reunión de textos de Patricia Highsmith, Gore Vidal (otro gringo transterrado), William S. Burroughs o el español Emilio Sanz de Soto, que dibuja la compleja personalidad del gran viajero.

Seix Barral también ha hecho de Paul Bowles un autor señero en los años noventa, publicando, por ejemplo, Días y viajes (1993), Muy lejos de casa (1992) o la jugosa selección de cartas titulada En contacto, que salió al mercado en 1994. Alfaguara cierra el círculo en 1997 con la publicación de la novela Misa de gallo.

 

 

 

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