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ANTONIO ONTIVEROS BLANCO:
EL SÓCRATES DE LA ACADEMIA QUE VIVIÓ
EN ADRA DURANTE 20 AÑOS
La inclusión de Antonio Ontiveros Blanco en la sección de personajes ilustres obecede a dos méritos que concurren en este antequerano de cuna, abderitano de adopción y padre de abderitanos: la primera es que con Antonio Ontiveros adraenlinea homenajea a todos los maestros y profesores que durante decenas de años han contribuido y contribuyen a la formación de tantos hombres y mujeres de éxito. La segunda es que Ontiveros con su impronta bohemia, algo descuidada pero con un ángel especial para la comunicación, empeñó su vida en fabricar estudiantes con éxito, que se sintieran orgullosos de saber cosas más allá de los certificados y los diplomas oficiales.
Ontiveros fue por otra parte un hombre conocido por su amabilidad, su talante dialogante y su respeto al prójimo rico o pobre, poderoso o mísero. Siempre vivió fiel a sus creencias, aunque no trató nunca de imponerlas a los demás al tiempo que respetó las reglas sociales de la época, si bien no las compartía.
Hoy, aquel Sócrates de aquella olvidada Academia de VIURBA es sólo el recuerdo de juventud de muchos/as que le trataron en nuestro pueblo durante 20 años. Persona que siempre huyó de distinciones, homenajes y cargos en vida, merece un lugar en las calles de Adra, que tanto paseó con sus alumnos continuando las clases de aula. Algunos de esos alumnos, conectados con cargos municipales y otros como simples ciudadanos y vecinos deberían recordar a su viejo profesor y dedicarle la actual calle Manresa (acceso al teatro por calle Tarrasa) como calle de Antonio Ontiveros Blanco, en homenaje al lugar donde residió con su mujer Lourdes y sus cuatro hijos durante más de una década.
LA VIDA EN ANTEQUERA
Antonio Ontiveros Blanco nace en Antequera (Málaga) el 14 de enero de 1923. Su padre se llama ba Jerónimo Ontiveros Gémar. Un hombre polifacético que trabajó en el ayuntamiento de Antequera y dejó esta ocupación para hacerse crupier de un casino. Tenía una capacidad asombrosa para el cálculo mental. El casino quebró y a partir de ese momento la familia Ontiveros pasa muchas penalidades.
Antonio era el mayor de cinco hermanos (Jerónimo, Rosario, Carmen y María) y a su vez tenía una hermana mayor (Dolores) fruto de un anterior matrimonio de su padre. Su madre se llamaba Carmen Blanco de rodar. Era profesora de piano e influye activamente en la afición musical de su hijo, hasta el punto de que Antonio aprendió solfeo e impartió clases de piano entre otras materias.
Cuando Jerónimo Ontiveros pierde su empleo en el casino, comienza una etapa muy difícil para la familia. Sus hermanos María y Jerónimo se trasladan a Marruecos a vivir con su hermana mayor, que estaba casada con un militar. En Marruecos María contrae la tisis. María muere y Jerónimo regresa a Antequera.
La Guerra Civil fue otro momento muy amargo. Antonio tiene 13 años y estudiaba con la única beca concedida en la provincia de Málaga, en el instituto de Antequera. En ese momento Antonio está dotado de un cerebro prodigioso y sobresale del resto de alumnos. Gana su primer dinero dando clases a sus propios compañeros. En este instituto recibe el Premio "Velar" por hacer un trabajo sobre la alimentación. Ya le conocen a esta temprana edad como "el sabio".
Lourdes estudiaba magisterio. Era hija de una rica hacendada. Su marido, maestro de profesión había sido asesinado durante la Guerra por grupos incontrolados de extrema izquierda. Antonio da clases de piano y se convierte en el profesor de Lourdes. Se enamoran.
Antonio Ontiveros marcha a Granada a estudiar medicina. Termina el primer curso pero no puede continuar. Malvive en una pensión de Granada, sin recursos ni posibilidad de ayuda familiar. Para poder fumar, la debilidad de toda su vida, recoge tabaco en la Vega y luego liaba cigarrillos. Aún así consigue matrícula de honor en algunas asignaturas de medicina como es el caso de Biología.
Decide irse al servicio militar. Durante la mili cae desde un puente en el camión en el que viajaba, fracturándose la séptima dorsal de la columna. Durante meses debe llevar un chaleco de escayola. Para hacer más llevadera la escayola cubría su cuerpo con algodón.
Fumador empedernido desde muy jóven, una colilla salta y se mete dentro de la escayola, ardiendo el algodón. Lejos de perder la compostura, Ontiveros se acurruca sobre sí mismo y tapona todas las entradas de aire, recordando el principio químico de que "sin oxígeno no hay combustión" y sale con éxito de la experiencia.
Tras acabar la Guerra su padre había conseguido un trabajo como cobrador de morosos en el municipio de Arenas de Vélez Málaga. Allí conoció a Lourdes Ortega López, que más tarde sería su mujer. La familia Ontiveros vive en una casa alquilada por la madre de Lourdes.

A principios de los años 50 su tío materno consigue un trabajo para toda la familia en Barcelona como vendedores de libros. La familia marcha a Barcelona y Antonio decide irse también, aunque Lourdes trata de convencerlo para que estudie magisterio.
A pesar de la distancia la relación con Lourdes continúa y en 1952 ella termina magisterio y aprueba las oposiciones. Antonio regresa de Barcelona y se casan. El primer destino de Lourdes como maestra será el colegio público Fuente Santilla ubicado en la barriada abderitana del Puente del Río.
LA ACADEMIA
En 1953 la familia Ontiveros-Ortega viven ya en el Puente del Río. En ese año nace Antonio, su primer hijo y luego vendrán María, Santiago y Enrique.
En los primeros años Antonio da clases en la barriada ejidense de Balerma, adonde acude en bicicleta. Algún tiempo más tarde el maestro abderitano Antonio Castro le pide que le sustituya por un tiempo en la escuela que este último tenía en Adra.
A los nueve años de vivir en el Puente del Río se trasladan a Adra a una casa de maestros que aún existe ubicada en la calle Manresa, un callejón al que se accede por la calle Tarrasa. En ese tiempo el matrimonio trabaja ya en la enseñanza a plena dedicación.
Antonio se asocia con varios profesores que tenían una academia para estudiantes en la casa del Marqués, ubicada en la Calle Estrella. Maestros como don Rufino, Manuel Molero y José Avilés entre otros figuran como profesores. También dio clases en las antiguas escuelas existentes en la Casa de la Fundición San Andrés.
Ontiveros sobresale especialmente en matemáticas, pero dio clases de muchas asignaturas y en todos los centros de enseñanza de la época como la Escuela de Formación Profesional, la Escuela Hogaro el Instituto de Bachillerato. En este último fue profesor de matemáticas durante dos años sin ser licenciado, dados sus amplios conocimientos. Sin duda será más recordado como profesor polivalente de muchas generaciones de estudiantes y en concreto a mediados de los años 60, cuando con la ayuda de su mujer compra un piso bajo en el bloque 3 de VIURBA y pone en marcha La Academia.
La Academia estará abierta hasta el año 1973 y en ella Ontiveros imparte prácticamente todas las enseñanzas de humanidades y ciencias. Quienes preparaban oposiciones a magisterio, tenían que estudiar bachillerato por libre o realizar la prueba del preu o del ingreso del bachiller tenían en Antonio Ontiveros un "Leonardo Da Vinci" que pasaba del griego a la física o de las matemáticas al latín de una manera pasmosa. Preparaba también álgebra y cálculo infinitesimal para dar clases particulares a estudiantes universitarios, aprovechando que él estudiaba la licenciatura por libre, matriculado en la Universidad de Granada.
Aún le quedaba tiempo, sin escamotear un solo minuto de continuar la docencia extramuros del aula, en la calle, en la barra de un bar, paseando e incluso visitando a grupos de alumnos. A esta especia de moderno "Sócrates" aún le quedaba tiempo para preparar desde Adra la licenciatura de matemáticas de la Universidad de Granada, carrera que aprobó de hecho aunque no tuviese una titulación que respaldase sus enormes conocimientos.
La Academia estuvo abierta hasta el año 1973 y Antonio, con su habilidad pasmosa para transmitir sus conocimientos de una manera sencilla y amena se convirtió sin saberlo en lo que hoy llamaríamos un "formador de formadores".
RETORNO A MÁLAGA
A la edad de 50 años Ontiveros y su mujer deciden regresar a su tierra: Málaga. A pesar de ello nunca olvidarán sus veinte años en Adra y que el regreso lo hacen acompañados por cuatro abderitanos: sus hijos.
La familia regresa a Málaga y se instala en el tercer piso del número 6 de la calle Beatas, en pleno casco viejo malagueño. Antonio inicia su nueva aventura profesional como profesor en el colegio Cerrado de Calderón, uno de los de mayor influencia social y prestigio de la ciudad. Pero las normas del colegio pronto chocan con el carácter liberal y abierto de Antonio, por lo que solo trabaja un año.
Concluido este trabajo comienza a trabajar como profesor en la Academia Luis Vives de la plaza Uncibay. Dos años más tarde de la vuelta a Málaga, 1975, su mujer lo convence de que prepare oposiciones de magisterio. Antonio es muy remiso, no cree que unas oposiciones sean el mejor baremo para juzgar a una persona, pero cede y se presenta.
Ontiveros Blanco obtiene el número uno de Málaga en las pruebas y lo tiene todo a su favor para elegir el mejor colegio de la ciudad. Sin embargo Ontiveros no renuncia al contacto con los alumnos que más le necesitan. Por ello elige la plaza en el colegio público Altolaguirre, situado en el barrio de La Palmilla. Esta ha sido y es una de las zonas más deprimidas y conflictivas de la ciudad.
Antonio cree que los alumnos del barrio lo necesitan más que los de las zonas acomodadas. La experiencia de la Guerra le hizo siempre abogar por la dignidad de los pobres frente a los ricos. Para él, ser pobre no era un estado físico o intelectual irremediable. Era una fatalidad que no permitía estudiar a muchas personas inteligentes, como ser rico era algo aleatorio que permitía estudiar a personas que no eran tan inteligentes.
El vivió la pobreza en sus carnes desde muy niño. Solía decir que tenía varios kilómetros de tripas sin estrenar, porque en su juventud había comido muy poco.
Gracias a su mujer aprobó con éxito las oposiciones de magisterio, porque su carácter ácrata aunque respetuoso con otras formas de pensar, le hacía muy cuesta arriba examinarse de asignaturas como la religión que se impartía entonces en los centros oficiales.
En el colegio Altolaguirre como en todos los centros por los que pasó fue un hombre muy querido por sus alumnos, por su facilidad de palabra y por su interés sin límite por el ser humano.
En 1988 se jubila a la edad de 65 años, con poco más de 10 años de docencia oficial aunque estuvo toda su vida entregado a la enseñanza. Esos diez años de cotización le dejaron una exigua pensión y pudo vivir con el salario y la pensión de su mujer (que se jubiló como maestra dos años más tarde).
Sus alumnos del Altolaguirre y sus compañeros le dieron un homenaje el 23 de enero de 1988, aunque él siempre huía de toda ceremonia oficial.
En los últimos años de su vida estuvo muy aquejado de afecciones respiratorias y pulmonares, debido a su adicción al tabaco. Dejó de fumar sólo cuando los médicos le advirtieron que su vida peligraba.
Antonio Ontiveros Blanco murió el 12 de marzo de 1998 a los 75 años de edad, víctima de un enfisema pulmonar. Sus restos reposan en el cementerio malagueño de Parcemasa.
UN BOHEMIO EN TIEMPOS DIFICILES
Son muchos los rasgos que definen su profunda, complicada y sencilla personalidad a la vez. Uno de los más definitorios, que le acompañaron siempre durante toda su vida fue su afición a la música. Estudió solfeo gracias a su madre. Era profesor de piano. Tenía buen oído, cosa que llevaba en los genes. Un tío materno suyo había estrenado en Madrid la ópera "Histriones". Un primo hermano suyo, Amado Jaén, fue uno de los integrantes del grupo de música pop "Los Diablos" que tanto éxito tuvo en los años 70.
Por su parte su mujer y él transmitieron esos dones a sus hijos. Enrique es músico profesional y profesor de música y Antonio es maestro.
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