SALA DE EXPOSICIONES MALACKE 16 DE SEPTIEMBRE DE 1976
Biografía en la página del artista
Biografía en la página del artista
DIAZ OLIVA: UNA ACTUALIZACION DEL SURREALISMO
La presencia de obras del pintor malagueño Díaz-Oliva, en el momento en que el surrealismo va a cumplir medio siglo de existencia como corriente definida dentro del complejo mapa de las artes plásticas, puede darnos el hilo de la referencia concreta a sus obras. En una acotación nuestra veníamos a decir lo siguiente: "El surrealismo no es una manera de pintar en sentido morfológico; no es, estrictamente, una conquista plástica; se apropia de todas las posibilidades formales -o de una particular- utilizándolas para la construcción del mundo surreal. Más que un estilo es una mutación profunda importantísima de¡ esquema psiquico-conceptual incorporado a la pintura". La validez de esta observación, parece aceptable en 1972, bajo la advertencia de que funcionan variantes de ese mismo montaje psíquico en la medida misma que el mundo que lo suscita ha sufrido también mutaciones considerables. Las obras de Díaz-Oliva están conducidas hacia un propósito moral. Es, nos atrevemos a decir, un moralista muy explicito: le preocupan la`Crueldad y la violencia aplicadas a la naturaleza; la división esquizoide de la humanidad en torturados y torturadores; las falacias metafísicas aplicadas a problemas y dolencias históricas; las compulsiones y alineaciones suscitadas por la técnica; la utilización de las pseudorevoluciones; el erotismo "liberado" como encubrimiento de miserias nada "liberadas"
Casi todos los cuadros de Díaz-Oliva aparecen divididos, no tanto por razones de organización espacial, nos parece, como por voluntad de significar incomunicabilidad o escisión dentro del ámbito figurado. DiezOliva, por mucho que le conozcamos como un lírico de la surrealidad (un lírico oprimido por una enorme náusea moral) no se confia a la repentización de ese lirismo; es, en primer término, un pintor concienzudo y refinado al tiempo, un artista que se confía a la inventiva y al propósito eticista sólo en base de su entidad especifica de pintor.
ANTONIO GAMONEDA
Aparte de los problemas que nos dan los malos regadíos, la exacerbada subida de los crudos, la renta "per capita", la distinción del negativo-positivo, los revolcones estertóreos de nuestra* noches de Insomnio, la mimética, la informática, las dos Españas que han de helarte el corazón, el daltonismo crónico que suf-en algunos críticos de arte, ia oleografia, los obispos "progres", la versión ibérica dei besuqueo larguísimo del "Kama-Sutra", el "week-end-sex" tan pasado de moda en Torremolinos, la problemática, las piruetas que tiene que hacer el ardsta para vender su obra, la naturaleza muerta y la viva, lo caro que vale un lienzo en blanco de fino puro, las galerías, los facsímiles de ¡m-)ortación belga, los accesos cerrados del Túnel de Viella, los tablaos flamencos y la madre del cordero... ¿Quién es el guapo que no dice colorín colorado y... expone?
Luego de exponer más de mil veces la "mulelilla" de pintor vanguardista y del desmadre; se sustituye el plnce4brocha, espátula o las prácticas gimnástico-artísdcoculturales, por la venta de bragueros, sujetadores de cruzados mágicos, barbitúricos trucados que luego resultarán ser peor que la adúltera marihuana esa.
Todo se hace más rentable y hasta de más hermosa grandeza poética; figúrese que con dinero y no con dlUrambo, se puede uno comprar hasta un Ferrarl y si se apriete mucho, discos estéreos de Wagner y un Cossio o y un Denis auténtico -que ya es ditícil--, en erudita subasta de arte... y más cosas.
El pintor no se inmuniza y a veces, hasta se muere de las tarascadas que le da el hambre, pero eso tampoco Importa, ya que s veces también se puede morir de tanto comer "pan de arte" y no pan cateto, pan de viena o, pan con chorizo o, pan con agua o, pan "contigo pan y cebolla" y tampoco pasa nada.
Cuando sobrevive a todo eso -decíamos--, ya se puede morir tranquilo, que la historia le tiene guardado un sitio castizo y antigualla en un diccionario o libro de arte, que vale más que todas las perrerías que le hayan podido hacer en vida los marchantes, galerías y la gente que paga un dineral por comprar una obra de un pintor muerto o canijo, ya a punto de morirse. Pero eso tampoco es importante y vale y sirve y hasta está bien visto por una de esas dos EspaRas que ha de helarte el corazón; que decíamos antes.
A pesar de todo y gracias a que somos así, podemos convertirlas libélulas en zetas con la imaginación. Por eso seguimos pintando y damos gracias a todos una vez más.
Pepe BORNOY