De la pintura figurativa

En el siglo, que para bien o mal nos ha tocado vivir, han proliferado, sobre todo en arte, los "ismos". En realidad no hay tales "ismos". A mi entender, la representación artística es en todo momento el reflejo de aquello que vemos o sentimos, expuesto con honestidad y belleza. De ahí que cada uno, si obra como decimos, honradamente, vea esta realidad, ya sea la que le circunda o la emanada de su propia espiritualidad con arreglo a su peculiar idiosincracia. El artista posee por encima de todo un espíritu creador que le lleva a la búsqueda continua de nuevas formas de expresión. Indudablemente esta inquietud puede tender (tiende) con harta frecuencia, a la exageración, pero este es un riesgo que es preciso correr si no queremos anquilosarnos.

Todo esto es fácil decirlo. Otra cantar es saber encontrar el justo equilibrio entre nuestro ser y su exteriorización, sobre toda cuando éste se materialize en obra de arte. Es curioso como tanto en artes como en ciencias el hallazgo final se produce casi por casualidad. Picasso, el genio creador más importante del Renacimiento a nuestros días, lo manifiesta en una frase que es todo un compendio de la inquietud bien encauzada, "yo no busco, encuentro", dice.

Figurativo es todo aquello que ofrece la representación de algo. Para que esta representación adquiera categoría de obra de arte, es preciso que en ella viva el soplo creador. Esto no quiere decir, por supuesto, que se desprecie la técnica o el, llamado, oficio. No, todo es preciso, sin olvidar en ningún caso, que la obra de arte requiere, como todo lo realmente grande que el hombre haga en su vida, un trato amoroso. Se debe trabajar (¿trabajar?) en ella con amor y de esta forma llegará la recompensa. A este propósito, me viene a la memoria un cuento oriental. Nos dice: Había en un

lugar perdido del desierto tres personas. Sólo poseían una manta con que resguardarse del simun y el frío nocturno. Decidieron que la suerte designase quién había de usarla, pero no encontraron medio de probar fortuna. Entonces, la mujer (se me olvidaba decir que eran dos hombres y una mujer) renunció a su derecho. Los hombres pelearon, y con tal furia que en la lucha quedaron exánimes. La mujer, con la manta confeccionó vendas para sus heridas, y todos quedaron sin protección, pero en premio a su grandeza de alma, el sol, respetaba su piel y el frío no atacaba su cuerpo. Los hombres, buscaron y hallaron refugio junto a ella que, extendiendo los brazos, los acogió como niños nacidos de sus entrañas. Tuvo su premio en un hermoso efebo que parió con dolor pero no sabía de quien era hijo y le llamó: hijo del amor; porque era el amor quien lo engendró, no los ego istas hombres. Igualmente en una tela pintada, más o menos conseguida, que esto es ya tema distinto, atrae su trato amoroso, su hacer con cariño y ello hace que por un impulso inexplicable, aun el más lerdo sepa en todo momento dónde hay arte. Es algo que hiere el alma. Jean Paul Sartre nos habla del "extraño infierno de la belleza" y, como Picasso, acierta, pues el creador, el artista, como la mujer de, la anécdota oriental, pare su obra con dolor para llevar al que la contempla un cordial ramalazo de gozo y alegría.

Con todo esto, quiero decir, que mi creencia en los "ismos" está sujeta a infinitas limitaciones. Para mí, existe la misma figuración en un abstracto de Viola que en una tela de Torres Matas.

Claro que en el albor de una nueva era, en que el hombre pone su p!anta en la Luna y nos sorprende día a día con un nuevo descubrimiento, no es sensato pintar como un Murillo, por ejemplo, pero tampoco olvidemos la enorme vigencia de Velázquez, el Greco, Miguel Angel.., etc.

Esta "Co!ectiva" se acoge a lo que se dá en llamar "pintura figurativa". Creo que así lo hacen porque de alguna forma hay que entenderse. Pero obs1rvese como cada uno busca su cauce, busca y encuentra que es lo importante. En las telas presentadas no hay amaneramiento ni copia fotográfica de la realidad, hay, y en muy elevada medida creación, arte.

Para mí, esta es una importante muestra plástica que el aficionado debe gustar. En ella se conjuga armonía y belleza y (¿por qué no decirlo?) pasión (¿puede existir arte sin ella?). James Joyce decía "Vale más trasladarse valientemente al otro mundo en el apogeo de una pasión, que irse borrando y marchitándose tristemente con la edad". En verdad que ninguno de los que hoy, ilusionadamente, apasionadamente, nos ofrecen su obra, se marchitarán pues a la vista está su labor. Podrá gustar a uncs y tal vez menos a otros, pero lo indiscutible es la honradez para consigo mismo de cada uno de estos artistas. A mí, me complace su requerimiento para que haga la presentación de este catálogo, me complace, enorgullece y halaga, por ello me atrevo a salir con las líneas precedentes y aún más, hago lo que creo que nunca hice, califico, y en verdad que creo acertar en la nota.

 

Angel Caffarena Such– Cronista oficial de Málaga y su provincia

14 de Abril de 1973, Málaga